sábado 30 de enero de 2010

Ruido público

El domingo pasado me encontré, inusualmente, con una actividad copada del Gobierno de la Ciudad (que no son las playas de millones de pesos por sombrillas que en el Once se consiguen por chauchas y palitos), por lo cual moví mi humanidad hasta el Parque Centenario a ver una proyección de cortos animados (que el catálogo titulaba bajo el ciclo "Baficito"). Pasaban unos cuantos cortos Zaramella y otros directores. 

Me sorprendieron muy gratamente los cortos de Zaramella. Sus creaciones de plastilina causaban una mezcla de risa, ternura, tristeza y espanto. Y lo estábamos disfrutando enormemente... al menos hasta que vecinos decidieron armar un culebrón porque la proyección "no era para chicos". Y no, la proyección no era para chicos. El problema pasa porque no estaba programada como una proyección para chicos, de lo cual surgió mi enojo hacia la falta de educación y respeto por la gente que sí quería ver la proyección y no asumió conjeturas, o simplemente leyó el programa, y por la queja hacia una actividad gratuita que, si bien de nuevo demuestra la estupidez del gobierno macrista en asumir que todos los vecinos de la Ciudad tienen educación de colegio privado (y bueno) de Belgrano, hubiera bastado con levantarse e irse sin berrinches y molestar al prójimo. 

Cito textual del programa de actividades: "Presentamos una selección de cortos exhibidos anteriormente en el BAFICI, algunos multipremiados como Viaje a Marte de Juan Pablo Zaramella, realizada con muñecos de plastilina; y otros (perdón por la interrupción, es sólo para aclarar que el error de puntuación no es mío, sino que es textual. Parece que se gasta en propaganda pero no alcanza para correctores) casi secretos como los de Tumbi-Tom, un personaje pergeñado (la palabra culta del día) por una pareja de animadores argentinos residentes en Italia". Obviemos los baches de esta presentación, incluyendo la falta de aclaración hacia el espectador inmerso en el mundo del sentido común que dice que animación "son dibujitos animados, entonces es para chicos", y ayúdenme por favor a entender DÓNDE DICE QUE ESA PROYECCIÓN ES PARA CHICOS. Por qué la gente no lee, o investiga antes?

De hecho, hay un par de palabras clave en el texto que nos pueden ayudar a darnos una idea qué tipo de cine es el que estarán pasando, empezando por BAFICI: 
"El BAFICI nació en 1999, y año a año se consolidó como uno de los festivales de cine más destacados del mundo, con un importante reconocimiento y un lugar de privilegio en la agenda cinematográfica internacional. Es reconocido como vehículo fundamental de promoción para la producción independiente, que aquí puede mostrar los filmes más innovadores, arriesgados y comprometidos.
El festival integra, a través de su amplia programación, diversas expresiones culturales y reúne a directores consagrados y nuevos talentos en un ámbito dinámico." (Fuente: http://www.bafici.gov.ar/home/web/es/bafici/index.html).
Más obvia aún es la referencia al autor que generó la polémica, Zaramella. Bastaba entrar a su página web (http://www.zaramella.com.ar), leer las entrevistas, ver sus cortos (que, a propósito están online y se los recomiendo muchísimo) para darse cuenta hacia dónde apunta el muchacho.

La queja por la queja, que parte de la ignorancia, puede evitarse si, justamente, rompemos con el círculo de la ignorancia y buscamos un poquito qué es lo que se va a ir a ver , leer, escuchar, y sobre todo opinar. Las familias que se quejaron y se llevaron a sus chicos de la proyección están dando el ejemplo del facilismo y la ignorancia a sus propios hijos, traspasando también su pobre conciencia cívica y política (no hay ninguna razón para creer que estas actitudes no se repiten en todos los aspectos de la vida) y, por sobre todo, la falta del espíritu crítico que yo tanto detesto. De nuevo, Violencia Rivas. Me pregunto si en la animación que proyectan hoy pasará lo mismo. Por lo pronto, yo no veo un panorama demasiado optimista.

miércoles 20 de enero de 2010

El uniforme de la vida urbana

Percibo un modelo de igualdad que nada iguala o, lo que es aún peor, lo hace en apariencia. No hay que mirar muy lejos para verlo; está presente en el mismísimo corazón de todo centro urbano. Las fuerzas de lo que algunos entienden por "seguridad" son el exponente más alto de esta igualdad: la identidad del uniforme, que niega desde el vamos la gran verdad humana: el hombre es social pero es individuo.

Este modelo de igualdad es un ideal para algunos, tristemente dominantes en gran parte del mundo, incluida mi querida ciudad. Es un ideal para pocos porque, de la misma forma que la absoluta falsedad en el principio de la igualdad de oportunidades, o la igualdad como nativos de un país específico, oculta mucho más de lo que muestra, como si fuera un telón cuyo cuarto trasero es oscuro y triste.

Es válido preguntar si son comparables algo tan ínfimo como las ropas de unos pocos con la vida de la mayoría, como planteando la gran diferencia entre el todo y la parte, quizás. Pero la parte es como el todo, aunque no igual. Entonces respondo: sí, es posible e incluso no considero que pueda faltar esta comparación. Todo lo que vivimos, hacemos, sentimos y queremos es un reflejo de lo que se espera de nosotros. No es casualidad que busquemos nuestras telas, comidas, vacaciones y tiempos particulares en un gran almacén donde todos estas cosas están reproducidas a la infinitésima potencia.

La uniformidad en todo sentido me parece una sociopatología, porque la vestimenta es tan sólo la parte más manifiesta. Pero desnaturalicemos al tiempo, a la educación, al trabajo, la vivienda (y en especial la edificación ultramodernosa). De no estar establecido (ya me espero los predecibles "es así"), pensemos de otra manera: ¿existirá el tiempo para uno, los ritmos para otro, y los espacios personales?

miércoles 6 de enero de 2010

La odisea festiva de diciembre

Cuando llega diciembre todos nos vemos obligados a tomar una decisión que parecería a simple vista inocente, pero que en realidad no lo es: aquella que concierne a la reunión por las fiestas. Yo nunca festejé la navidad, por motivos religiosos en principio, y por motivos sociales luego, pero para aquellos que sí lo hacen, la gran mayoría de esta patria-matria, entenderán todo por partida doble.

Además de la clásica invitación familiar, este año conté con otra, amistosa, y en teoría (el sentido común nos indica que las amistades, por elegirlas, suelen ser más divertidas que la familia) más prometedora. Por insistencia de mi hermano decidí pasarla, otra vez, en bendita reunión familiar, cual ilusión de toda abuela que se preste de serlo. Y como para cumplir la década, también un ciclo, y con ello la última vez que lo paso en familia.

La noche comenzó siendo normal, salvo por las inusuales agresiones gerontas de mi abuela, que por alguna razón sin fundamento entendió que me reía de ella. Toda la noche. Sin embargo, estas agresiones fueron in crescendo, junto con la borrachera del sector joven de la población. Mientras la pseudo-familiaridad y el falso "está todo bien" se instalaba, junto con los comentarios pasivo-agresivos usuales de mi madre, y la senilidad geronta, mis ánimos se asimilaban a lo visto por TV en Violencia Rivas. Simultáneo al acceso anarco-comunista de mi personalidad, mi madre tiene la fantástica idea de obligar a la familia a una ronda de deseos para el 2010, costumbre que yo detesté desde el momento en que su idea comenzó a gestarse. Para colmo de males, y como cumbre a las repetidas agresiones sufridas, fui yo quien debió empezar. Y fue tal cual Violencia, vieja amargada y borracha, que espeté "deseo que en este 2010 nadie me rompa las pelotas". Mis hermanos, primos, tíos y padre fueron políticamente correctos al mantener las formas, pero desatar disgustos no es lo que más me preocupa. Así, luego de una noche de agresiones veladas y caras de culo, me fui a encontrar con mis amigos, sonriendo al pensar que este era el último año que iba a pasar por eso (jóvenes familiares, no se sientan ofendidos. Están más que invitados a mi celebración para el próximo año).

Si, lo sé. Debería haber pedido algo más alcanzable. "Deseo que en el 2010 nadie me rompa las pelotas" es, además de abstracto y general, inalcanzable, porque la gente tiene una fija costumbre de romperle las pelotas a su prójimo. Es parte de la filosofía de vida, no vivir y no dejar vivir al resto. Es política social, en donde todos se creen con derecho a meterse en todo lo referido a la vida y el modo de vivir de otros, en lugar de darse cuenta que sus propias vidas son un juguete de otros (otra vez, Violencia). Igual, lo hice. Realmente espero que este año, a mi, como a todos, nadie ni nada nos rompa las pelotas, porque ya es más que suficiente con todo lo que nos rompemos las pelotas a nosotros mismos.

sábado 26 de septiembre de 2009

Violencia Rivas

martes 20 de enero de 2009

La discusión es entre "angel" o "demonio"?

Cuando en 1449 Gutemberg crea la entonces controvertida imprenta, se ganó la controversia y el grito en el cielo de la Iglesia y la Santa Inquisición. Hoy en día las discusiones se dan frente a los posibles "contraefectos" culturales (entre comillas, dado que es mucho más probable que el borramiento de la cultura sea uno de los objetivos principales a los intereses subyacentes a los que manejan los medios) que generarían los nuevos dispositivos de comunicación.
Hemos presenciado discusiones anteriores acerca de la televisión, de la radio, de los comienzos de Internet. Siempre se dijo de estos canales que estupidizaban, quitaban la atención del Padre Libro. Estos medios ganaron su espacio, y forman hoy parte de nuestra vida cotidiana.
Facebook es, como los mencionados anteriormente, lugar de controversia del momento, amados por algunos por permitir el contacto con personas que creíamos perdidos, y demonizado por otros, no permitiendo la ocupación en actividades más fructíferas y culturales que formarían ciudadanos más responsables y críticos (borrando de la historia, por supuesto, aquella época donde no aún no se había creado Facebook y la misma cantidad de ciudadanos y gobernantes eran la misma lacra que soy hoy en día). La realidad es que, en parte, ambas posturas tienen razón. No podemos negar la sensible mejora de la calidad de vida solamente por tener acceso a Internet, su información y sus amplias (pero no infinitas) posibilidades. Sin embargo, sería ingenuo dejar de lado la pérdida de la capacidad de reflexión y de uso del lenguaje que se percibe en nuestro día a día, niño a niño y escuela a escuela. Un pueblo culto sabe lo que necesita. Un pueblo ignorante deja su mando a aquellos que controlan los medios para su propio interés.
Una llamada al equilibrio está en orden: tenemos la posibilidad de utilizar enormes volúmenes de información si se sabe buscarla y, a la vez, debemos controlar nuestro uso y encierro, para salir más a las calles y levantar voz y mano.

martes 14 de octubre de 2008

Vidas artificiales

La unión con la máquina hace que se borre, a la larga, el dispositivo "máquina". Lo único que nos queda es esa unión. Esa vida alienada. Esa reflexión reflactada de nuestra vida que se va por la punta de los dedos. Entonces ya no queda máquina, quedan sólo símbolos. Vivencias que se convierten en códigos infinitos, que ocupan los espacios físicos de las pantallas y como compensaciones simbólicas de aquellas cosas que nos venden y no nos quieren entregar: el suceso como dependiente del propio trabajo, nuestras neurosis escondidas bajo un alias y, por sobre todo, la carencia de amor.

El contacto mediatizado en exceso se presenta con una peligrosa trampa: se desvanece el medio, resignificando las palabras y los gestos. Pero esta naturalización de la máquina solamente se ve en forma clara (y solamente a través de un ojo inteligente) en las situaciones en las que el dispositivo falla. Hoy en día nos amamos con seres invisibles, creemos que queremos a una persona cuando en realidad aquello a los que nos aferramos es la representación (que no es más que una nueva producción de sentido sobre aquellas formas existentes) de un sentimiento hacia la representación de aquel ser en realidad anónimo. Se perdió el piel con piel, sólo queda el cuerpo; donde hubo calor, sólo queda la urgencia.

La máquina ha logrado uniformar de una forma sin precedentes al hombre: nos despoja de los vínculos y los manipula para evitar tener una emoción real; y sublima los restos de la misma hacia otra cosa, la representación de lo que todos queremos tener. Ante esta situación, no puedo no preguntarme si aquellas construcciones son siquiera originadas en nosotros mismos. La búsqueda constante de estándares irreales nos niega nuestras posibilidades, nuestras verdaderas posibilidades, de amar y ser amados.


Comprenderán, por obvias razones, que esta situación es inaceptable.

domingo 14 de septiembre de 2008

Suspensión

Las noches entre autores y cocktails suelen tener un deje a culpa, especialmente cuando se trata de obligaciones incumplidas que fueron autoimpuestas. Mientras observo pequeños espacios de estridencia, no puedo de dejar de analizar el ambiente con las propuestas que me tienen atrapado hasta el fin del ciclo, pero lo hago en un estado de suspensión, de entretenimiento. Es una observación, pero con el trago en la mano.
Faltó espacio, movimiento, se nos perdieron cosas que teníamos bajo la manga. La contestación a la fascinación por la moda flogger fue activista y radical, a juzgar por las escenas y el ambiente. La música fue un grito de lucha, una advertencia: "no nos van a colonizar, este es nuestro espacio, nuestra cultura".
Vuelvo nuevamente entonces a las páginas de mis obligaciones, tarde pero con una sonrisa en los labios.